Por Braian David para Conciencia Hoy 

*Colaboración de Oscar Lalanne 

 

La autoexigencia, es la cualidad humana de comprometerse a transitar el camino hacia la excelencia.  Es el resultado de la relación entre dos aspectos: exigente y exigido. Se manifiesta en la relación intra-personal y en la interpersonal.

Exigencia es demandar que algo se realice de la manera que queremos, pretendiendo que dicho pedido se cumpla, negando a toda costa el fracaso.

En todo escenario en el que debemos cumplir con alguna promesa o alcanzar metas, la exigencia es una voz que se comunica con nuestra mente y que nos impulsa a llegar más lejos de lo que alguna vez nos creímos capaces.

En las películas, series hollywoodenses, siempre se ha parodiado esta «voz» que te ayuda a tomar decisiones, ya sean buenas o malas. Del mismo modo sucede en la vida real.

Dentro de nuestra mente tenemos dos personalidades:

Una exigente (guía, indica hacia dónde y cómo) y otra exigida (que ejecuta).

 

 

El perfil exigente quiere, tiene la necesidad de hacerlo. En cambio, el que ejecuta es el exigido, y es quien, según el desafío, podrá o no cumplir con lo demandado. Y esto puede encaminarnos al fracaso.

Por ejemplo: tener la mentalidad de siempre pelear por sacarte la mejor nota en los exámenes. O el deportista en el gimnasio que entrena sin parar, e insiste en que es incapaz de cansarse y agrega cada vez más y más peso a la máquina, lo que le puede provocar lesiones.

Aquí empiezan los problemas, porque la mente exigida, no conoce los límites.

Esto trae consecuencias, porque su propósito es: hacerlo pase lo que pase, e insiste en que el resultado surge de desear intensamente. En resumen QUERER ES PODER. Entonces las personas nos declaramos que no es imposible y esto nos conduce a coordinar acciones con otros y con nuestra persona. (pedidos, ofertas, promesas).

Sin embargo hay una situación a tener en cuenta

El perfil exigido carece de recursos para decir NO, por lo tanto compromete su dignidad. Cuando la voluntad del exigido es superada por aquello que se ordena, nos genera RESIGNACIÓN. Ésta, nos encamina a creernos VÍCTIMA.

Cuando el exigido cree que es imposible, que ya no hay salida, nos genera RESENTIMIENTO y desde aquí, puede terminar siendo un problema.

Es de vital importancia comprender que el exigido no sabe reconocer su derrota. Es esa parte de nuestra mente que nos mueve cuando ya no tenemos más energía, cuando estamos exhaustos. En cambio el perfil que exige, es lo que nos anima a levantarnos del asiento; es quien nos concentra en la meta, en aquello que tanto anhelamos.

Es por eso que ambos deben actuar en equilibrio, sino de tantas órdenes, reclamos y presiones, el exigido pierde la capacidad de saber lo que quiere, y esto nos genera  es estrés.

Por eso, no te preocupes tanto por los resultados, sino enfocate en estar más atento al proceso. Dale un sentido a las cosas, al fin y al cabo los caminos que decidimos recorrer, no sólo son para alcanzar una meta, sino para aprender en el transcurso de la vida.

Hay que saber en todo proceso de aprendizaje, que sí, podemos tener sueños. Pero es necesario tener los pies en la tierra.