Por:  Teresa Benedetti Master en Coaching Organizacional -USAL-

Si hablamos que el  proceso de coaching tiene que ver con expandir nuestra capacidad de aprendizaje y se sirve para ello del cambio de observador  del coachee, también tenemos que tener muy en cuenta el factor tiempo en el cual va a desplegarse ese proceso.

A mi entender, un proceso de esa naturaleza puede no ser algo especialmente breve. Y quizás  tengamos que considerarlo en el acuerdo o contrato que hagamos con el coachee.

Existe un tiempo a respetar, propio de cada persona e inclusive ajeno a las declaraciones del coachee, que sin duda son sinceras. Esas declaraciones que dicen  por ej: “Quiero cambiar esto lo mas rápido posible” o “Es de suma urgencia que logre este cambio”. Estas declaraciones surgen del desconocimiento de los propios procesos psíquicos.

Creo que es nuestra responsabilidad tener en cuenta esa  cualidad de la mente humana, ese requerimiento del tiempo para el cambio, que se inicia con la abolición de un juicio maestro y el consiguiente cambio de observador.

El tema no es sencillo dado que un coach debe poder tener una clara distinción entre:

  • Los tiempos ineludibles de un proceso
  •                           y
  • El posponer acciones, típico del coachee, que ya concluido su proceso de aprendizaje  a veces las detiene por falta de compromiso con su declaración de cambio. Cuestión de la cual no es del todo consciente.

Daré un ejemplo desde otro lugar: un niño de tres años por su maduración psicomotora, bien puede caminar sólo pues  ha experimentado un proceso de crecimiento, maduración y aprendizaje. Ese niño también puede decidir hacer uso de sus capacidades adquiridas en un lapso de tiempo o berrear en cualquier ocasión para lograr que sus padres lo sostengan en brazos y ahorrarse “el compromiso de caminar” y a veces….tropezar, pararse y seguir, en fin: seguir creciendo.

Ese fino borde, esa distinción, que en la práctica es trabajosa y difícil de observar en la catarata  del lenguaje, no solo debemos tenerla clara para poder lidiar con los tiempos del proceso, sino que debemos advertir a nuestro coachee sobre el posible asunto dilatorio. Desde luego en el momento oportuno.

Para dejarlo bien claro: es fundamental que el coachee pueda saber que existe su tiempo de aprendizaje (su proceso  personal)  y que éste sea diferenciado por él, del “tiempito extra” que se toma, cuando da vueltas por temor a hacerse cargo de sus declaraciones de cambio.

Ese tiempo extra es  muchas veces pródigo en otros juicios que sustentan la demora. Así cómo el proceso de aprendizaje puede iniciarse con la abolición de un juicio maestro en la práctica se puede ver que aunque la persona ha adquirido un “saber hacer” efectivo no lo concreta en el escenario del mundo. Lo demora.

Según la teoría de Jean Piaget, cuyos trabajos tuvieron fundamental importancia  en el conocimiento  de los procesos del aprendizaje éste lleva un ritmo de asimilación y acomodación. Por otro lado (teniendo en consideración las ideas de éste representante del constructivismo) las personas siempre se sitúan ante un determinado aprendizaje dotadas de ideas y concepciones previas. Veamos el tema de la asimilación- acomodación.

La nueva información que llega a una persona es “asimilada” en función de lo adquirido previamente. Luego existe una “acomodación” de lo aprendido con lo cual hay transformación de los esquemas de pensamiento ante nuevas circunstancias.

Digámoslo de otra manera: el coach intenta al cuestionar los juicios que obstaculizan el aprendizaje que  el coachee  logre cambiar su observador ante una  determinada situación, allí donde no está siendo efectivo. Si  el coach ha dado con el juicio maestro, este cuestionamiento va siendo asimilado por el coachee montado sobre experiencias anteriores de fracasos o éxitos, según haya hecho algo nuevo o no,  en alguna otra situación de la vida. Luego deviene una acomodación de lo aprendido con lo cual hay transformación de los esquemas de pensamiento ante nuevas circunstancias que vive.

Si como coaches tenemos conciencia del  esfuerzo mental que requieren los procesos de asimilación y  acomodación en el coachee, aprenderemos a tener  la paciencia infinita que se requiere para lograr esa pieza única  y artesanal que puede ser cada proceso de coaching.
Como valor agregado para el coach, considero que el desarrollo de la misma debe ser considerado un desafío. El logro de los  resultados mismos, pueden no solo atormentar al coachee, sino también al coach  en caso de que el coachee no los alcance en el tiempo “programado”: Pueden aparecer entonces “in vivo e in situ” los quiebres del coach, en pleno proceso… lo cual es difícil remontar.

Un elemento entonces que considero apropiado puede ser someternos (quizás no sea una palabra que nos tiente) pero creo que es apropiada, al tiempo del aprendizaje del coachee. Este es un  factor decisivo para ayudarle efectivamente a cambiar su observador, como verdadero aprendizaje, es decir sostenible en el tiempo y por ende con modificación de modelo mental. Pienso: será en otro plano, el aprendizaje continuo, una modificación  también contínua de modelo mental?

Volviendo al tema del tiempo, uno de los aprendizajes simultáneos que puede hacer el coachee (simultaneidad en cuanto al tema  que está tratando) son sus tiempos que ocupa en los procesos mentales descriptos. Lo cual no implica, que se tome todo el tiempo del mundo para hacer: nada. Dilatando  estérilmente sus acciones para lograr el cambio anhelado. Debería quedarle claro entonces  el tiempo necesario para el aprendizaje y el tiempo innecesario que se toma para llevarlo a la práctica.

Finalmente me gustaría concluir con una reflexión, que nos abarca tanto en la experiencia de haber sido coachee y en la de ser coach:
Conocer los propios tiempos, saber que tenemos fenómenos  de elaboración con los cuales lidiar, implica conocernos, tenernos paciencia y saber que luego llega lo inevitable: la  decisión y compromiso con esa decisión en un tiempo ahora sí estipulado por nosotros mismos, con fecha. También el saber que existen consecuencias posteriores a la acción y también consecuencias si la acción no la ponemos en marcha.
Por último quisiera aclarar que los fenómenos de asimilación y acomodación no son volitivos, podríamos decir que son mecanismos, adquiridos en épocas arcaicas, gracias  a los cuales pudimos incluirnos en el mundo y llegar hasta donde llegamos.

Ver:  Modelos mentales: Su diversidad tomada como valor