Por:  Teresa Benedetti Master en Coaching Organizacional -USAL-

Todo proceso de coaching tiene como objetivo lograr los resultados que desea obtener una persona tanto en su vida profesional como personal.

Un acertado proceso de coaching moviliza las fuerzas psíquicas necesarias para ir superando los obstáculos autoimpuestos e ir logrando el camino que lleva al logro de sus objetivos.

En concreto: el proceso de coaching  modifica su realidad obteniendo así un mayor bienestar en su vida. Estaríamos entonces ante un cambio donde la persona pueda sentirse más satisfecha y entusiasmada en su cotidianeidad.

Las condiciones de un exitoso proceso de coaching requiere de dos protagonistas:  una persona comprometida con su propia  evolución  y un coach experimentado capaz de diseñar una estrategia de aprendizaje con el fin de orientar y motivar en la dirección de los resultados esperados.

Un coach es un entrenador del aprendizaje. No es un terapeuta. Y debe tener bien claro su campo de acción. Esto implica que sólo moviliza procesos de aprendizaje pero no puede ni debe intervenir cuando se trata de patologías psíquicas. Cuando esto es detectado el profesional que debe intervenir es un psicólogo o psiquiatra.

Volviendo a los procesos de coaching: estos también pueden estar orientados a los equipos. Claramente un proceso de coaching puede transformar un grupo de personas en un equipo de alto rendimiento.

Este grupo de personas pueden estar constituido por deportistas, artistas, ejecutivos de empresas, políticos, etc. En relación al aprendizaje, un equipo aprende a lograr sus objetivos en conjunto. Se aprende con el otro. Es un equipo aprendiz.

Es muy enriquecedor  aprender a lograr objetivos en equipo. Procura una enorme satisfacción en todos los integrantes y conquista lo que es dado en llamar “espíritu de grupo.”

Si bien todos los procesos de coaching respetan los mismos lineamientos y condiciones, siempre debemos considerar las diferentes mentalidades de las personas que recurren a él. Lo que es dado en llamar: modelo mental.

No es lo mismo por ejemplo la forma de pensar y actuar de un intelectual que la de un ejecutivo. Y hay que estar preparado para esto.

Un intelectual está habituado a manejarse en el mundo de la reflexión con más naturalidad que un ejecutivo, quien podría estar mucho más orientado a la acción.

La profesión o el quehacer de la persona que busca un proceso de coaching hacen que el proceso adquiera singularidad propia. Y es el coach quien debe tener la plasticidad suficiente para sincronizar con su coachee.

De ahí las últimas tendencias a  hablar de coaching especializado. Como por ejemplo: el coaching político.

  • El coaching político

Como su nombre lo indica son los procesos  de coaching realizados a personas dedicadas a la política. O que estén en vías de hacerlo.

Debemos considerar que una persona que se dedica a la política pretende un alto grado de reconocimiento y su principal preocupación está relacionada con la gobernabilidad. Concretamente con las formas o maneras de lograrla.

Entonces hay que ocuparse de su liderazgo en primer término y del desarrollo de sus habilidades conversacionales  que le servirán para lograr mayor poder de influencia en los diferentes escenarios que transite.

El coaching político resulta  una herramienta utilísima para las personas que dedican su vida a la política porque aprenden en profundidad el rol del equipo, la importancia de las conversaciones, la importancia de la negociación , el peso del autoconocimiento y el pensamiento sistémico.

Pero pensemos algo fundamental que destaca en los procesos de coaching político: Es fundamental es un actor político la concientización del buen manejo de equipos y de la construcción de confianza. Nadie tiene la confianza tan cuestionada como el sector político, tan a la vista de todos. En Argentina muchos medios se encargan día a día de ponerla en cuestión.

La promesas incumplidas y el ejemplo no dado, son materia de permanente cuestionamiento por una  ancha franja de la sociedad. Y la franja va creciendo. Cada vez más, el ciudadano pide coherencia entre el hacer y el decir puesto que ha comenzado a vincular las promesas incumplidas con su calidad de vida. Cuando están en juego los dineros públicos la mirada social se está agudizando y queda en juego la imagen pública del actor político.

De manera tal que el que aspira a un cargo político-  en los tiempos que corren –  no puede atravesar un proceso de coaching sin poder reconocer que un actor político implanta a través de su liderazgo valores sociales y deberá ser el primero en  ejercerlos.

Es por eso que su liderazgo tocará permanentemente el tema moral  aunque el coach no debe inmiscuirse en cuales deben ser esos valores.

El coaching  político  resulta desafiante. Para ambos lados.

El coach no debe interponer su subjetividad bajo ningún aspecto para lograr un proceso libre de contaminaciones e inducciones y para el político será enfrentarse con su propia manera de pensar su liderazgo y comprender como impacta esa manera en el tejido social y como crea cultura. Que es el medio favorable o no, donde los ciudadanos deben desarrollar sus vidas.

De un proceso de coaching no se sale siendo inocente y resulta una excelente  herramienta para no cultivar la pasión por la ignorancia sobre todo de la enorme  responsabilidad que portan sobre sus hombros:

La de no defraudar una vez más a sus votantes y de construir día a día un país donde valga la pena vivir.