Por Braian David para Conciencia Hoy 

*Colaboración de Oscar Lalanne 

El enojo es uno de los sentimientos que pueden ser nuestro mayor enemigo o bien, un fiel aliado. Viéndolo del lado cotidiano, es algo que nos define o que nos convierte.

Sin embargo, hay situaciones en las que puede ser aprovechado. Hay personas en distintas disciplinas que cambian su rendimiento al observar que algo/alguien se interpone a sus caminos. Saben que el enojo es un plus de energía que ayuda a superar esas amenazas.

Por eso no siempre es tan malo liberar esa ira que nos encierra. Cuando estoy enojado, eso se acumula, hasta que llega un momento que debe salir, y esto nos puede llevara expresarnos de manera negativa o equivocada en distintas situaciones.

Todo enojo es una señal que informa sobre algo amenazante hacia nuestro plan, deseo, camino, que se está frustrando. Nos sucede a diario como cuando llegamos tarde al trabajo, se rompe el celular o nos olvidamos algo, y es como si todo el mundo estuviera en nuestra contra y nos frustramos. Las actitud, estado corporal, gestos, todo cambia.

Existen dos caminos esenciales del enojo:

– Descargar con el otro, insultar, usar palabras que hieren a la otra persona, expresando mi enojo, querer castigar. Provocar que se sienta reprimido, se enoje y responda. En fin nos castigamos uno al otro.

– Buscar otras posibilidades, concentrar mi demanda en obtener una solución, encontrar una oportunidad de conseguir lo que quiero. Oriento mi mente hacia la solución de mi problema.

La sobrecarga de energía acumulada no nos beneficia. Cuando un obstáculo se interpone en nuestro objetivo, nos ponemos nerviosos, impacientes y reaccionamos de una manera diferente a la que queríamos. Un ejemplo de esto se explica en la escena de la película «Locos de Ira» protagonizada por Adam Sandler y Jack Nicholson

Este video es un buen ejemplo de cómo el enojo requiere una descarga, un desahogo, y que existen dos tipos de enojo:

  • El impulsivo que es el que vamos guardando día tras día y no lo expresamos
  • El explosivo es el que sucede cuando no nos guardamos nada y reaccionamos ante el mundo

Cuando el momento se está dando, observamos que el hecho, funciona como disparador y depende de nuestra interpretación. La mente reconoce las consecuencias, ese deseo de castigo. Nos vamos dando cuenta y comunicamos lo que nos provoca ya sea por movimientos, tics, etc. Nuestra decisión es analizar cómo expresarla. Si quitándonos el peso en el momento y decir lo que pensamos o no.

¿Cómo resuelvo estas situaciones?

Debemos pensar cómo hacer que la descarga de esta frustración sea adecuada. Es importante comunicar qué es lo que nos pasa, qué interpretamos, qué pedidos y promesas no se están cumpliendo.  Y a partir de esto, formular propuestas de reparación, ofrecer soluciones.

Por eso es crucial responder algunas preguntas antes de actuar bajo el peso de la ira. Por ejemplo: ¿Cómo debería descargar mi enojo? ¿Qué tendría que hacer para que pase este enojo? ¿Cómo hacer para que la otra persona sepa que estoy enojándome y qué respuestas espero? y a partir de eso encontrar formas de expresar ese enojo productivamente.

Toda oportunidad de enojo es tambien una apertura a la posibilidad de cambiar algo que no nos gusta, y encarrilar nuestra mente hacia soluciones que pueden beneficiarnos en el tiempo. Por eso antes de enojarte recordá que por cada minuto de enojo, perdemos 60 segundos de felicidad.