Por  Silvio Martín Teyra 

No hay certezas existenciales, no la puede haber sin autoengaño, por eso hay que habilitar la incertidumbre y eliminar la «ilusión de control» que pregona la cultura. Vivir en la incertidumbre sanamente es aceptar el juego de lo imprevisible, de ser proceso y no estado.

Es bajar la cabeza y guardarse el Ego en el bolsillo.

Me pregunto: ¿Y si nuestro paso por la vida fuera tan solo construir por construir, hacer por hacer? Levantar edificios, para después destruirlos y nuevamente construirnos, como firmaba Distoyevcky ¿sería muy descabellado pensar que el verdadero sentido de la vida precisamente en que nunca terminamos la tarea? Constructivismo circular, jugadores de un juego de nunca acabar: abiertos indefinidos, siempre incompletos, haciéndonos a cada paso. 

Los que logran habitar la incertidumbre la pasan bastante bien porque suelen estar por encima de la ansiedad, entiende que un número considerable de eventos para haz su control y que por lo tanto habrá intentos inútiles y sin futuro. 

Habitar la incertidumbre de manera saludable implica convertirse en un aventurero de la sombra y ubicarse exactamente en el lugar que la existencia propone, es decir en ningún lado.

¿Que opinas ustedes?