Por  Maria Laura Báez

Recuerdo que, cuando era niña, una de las principales lecciones de mis padres fue la “compartir”. Los juguetes, las golosinas, el juego. La generosidad como valor generalmente la aprendemos de niños, en nuestras casas, en el jardín, en la escuela.

Es un aprendizaje que en la adultez nos resulta muy útil. Si decidimos asumir posiciones de liderazgo o integrar equipos de trabajo, se vuelve clave para nuestro desarrollo profesional.

Hace unos días que vengo reflexionado sobre “los lideres generosos”; concepto que nos acercó Laura Hipp, consultora en Gestión de Clima, a la empresa en la que trabajo. Por eso, en este artículo me voy a detener en ellos.

¿Qué significa “ser generosos” en el liderazgo? Yo creo que podemos conversar sobre cientos de formas de entender este concepto en la tarea de liderar personas, a mí me gusta pensarla sintetizada en dos elementos: escucha plena y empatía.

El primer acto generoso que podemos ofrecer a cada uno de los colaboradores del equipo es un espacio y una actitud abierta a la escucha. No me refiero a cualquier escucha; me refiero a la escucha curiosa, esa que abrimos cuando somos capaces de reconocer que frente a nosotros se encuentra otro ser humano. Esa que surge cuando reconocemos que ese ser humano distinto que está frente a nosotros, nos trae un universo de interpretaciones, visiones, ideas, creencias a veces cercanos al nuestro, a veces (y casi siempre) diverso, distinto, opuesto.

En síntesis, cuando respetamos y valoramos la singularidad en cada persona; es cuando podemos abrir un canal de escucha nutritivo y valioso para los dos.

El segundo punto es la empatía. Para mí este concepto va de la mano del amor. No el amor de telenovela, ese que en las caricaturas se ve con dos corazones en los ojos. Hablo del amor que me permite salir un rato de las conversaciones de mi cabeza e interesarme por el otro (en este caso, mis colaboradores) de una forma auténtica poniéndose de manifiesto en mí el compromiso y la entrega. Desde el amor es que podemos entregar nuestra presencia, nuestro “estar aquí y ahora para vos”.

Si entendemos la empatía como sentir desde adentro (dicho de otra forma, sentir como vos sentis); es muy complicado que esto suceda si no hay amor, presencia y escucha.

En este punto me parece importante hacer una aclaración, un doble clic.  Sentir tal cual como siente el otro no es biológicamente posible. Sin embargo, si podemos definir la empatía de manera más acertada como la capacidad que nos permite captar y comprender los sentimientos y emociones de los demás… estén o no alineados con los nuestros (¡y acá hacemos la diferencia!).

Los beneficios de la generosidad

Ahora bien, la generosidad se entrena; se ejercita. Requiere esfuerzo. ¿Vale la pena? Yo estoy convencida que sí porque trae consigo el bienestar, tanto personal como del equipo.

La Psicología Positiva, luego de años de estudio, ha comprobado científicamente que “ser generoso y estar dispuesto a compartir hace feliz a la gente.”  ¿Por qué? Porque nos conecta con la posibilidad de generar valor para otros, de conectar con la gratitud, una emoción que también es frecuentemente vivenciada por personas felices.

En el equipo, los líderes generosos también generan reconocimiento frecuente porque pueden re-conocer a los miembros de su equipo en su individualidad y en su aporte singular. Y promueven con su conducta la generosidad en sus miembros. Y esta es la base del compromiso con los resultados

¿Te convencí? Entonces, ¡ a entrenar la generosidad !

[i] “La Ciencia de la Felicidad” – Sonja Lyubomirsky. Editorial Urano.