Marina PilladoPor Marina Pillado

El motivo por el cual escribo sobre el objetivo en las sesiones de coaching es porque creo que es el objetivo, y sobre todo cómo se aborda, lo que separa al coaching de otras profesiones como la psicología, la consultoría y counseling entre otras.

El coaching es un proceso cuya finalidad es lograr resultados que por algún motivo u otro no estamos pudiendo conseguir. No se trata de saber por qué me pasa lo que me pasa, sino identificar qué se interpone en mi camino hacia mi realidad ideal o lo que quiero conseguir. Se trata de definir metas, lograr resultados y generar acciones.

Robert Dilts, en su libro “Coaching, herramientas para el cambio” habla del coaching con minúsculas y coaching con mayúsculas. El primero alude al significado más común que es entender el coaching como un entrenamiento centrado en el HACER, mientras el coaching con mayúsculas es el coaching al que me voy a referir en este artículo y que se centra en el SER (coaching ontológico).

El coaching con mayúsculas es transformador, cuando una persona es capaz de mirar la situación desde otro punto de vista, y se anima a aprender algo nuevo, puede transformarse en un tipo de persona que no había sido hasta el momento, entonces hablamos de coaching transformador.

SI tuviera que definir qué es el coaching con una metáfora diría que es como un martillo hidráulico esos que se usan para perforar calles. En una sesión de coaching, el coach acompaña a la persona a excavar en su ser, sacando piedras, cortando creencias y minimizando debilidades para llegar a su verdadero potencial. Todos nacimos con lo que necesitamos para llevar la vida que queremos, se trata de elegir el camino del aprendizaje y desarrollo personal, una simple elección que no por simple es sencilla. No todos estamos dispuestos a asumir la entera responsabilidad de la dirección que toma nuestra propia vida y animarnos a romper nuestras propias armaduras.

A veces es fácil, otras veces necesitamos un martillo hidráulico para romperlas, lo importante es elegir hacerlo, elección que nos da libertad.

DESAFÍOS DE UNA SESIÓN DE COACHING

Primer desafío:
Acompañar a la persona a distinguir un objetivo abordable dentro su alegato inicial. Muchas veces sabemos exactamente lo que queremos pero la mayoría de las veces somos más expertos en lo que no queremos. Distinguir es separar, es nombrar. Cuando distinguimos tomamos
“conciencia”de algo que antes no estábamos viendo. La premisa acá es: no podemos trabajar sobre aquello que no distinguimos.

Segundo desafío:
Que el objetivo sea 100% propio, que no dependa de ninguna circunstancia externa. Por ejemplo conseguir un trabajo no depende 100% de la persona, lo que si depende de ella en su totalidad es “transformarse” en la persona con grandes posibilidades de conseguirlo. La premisa aquí es: si soy 100% responsable del problema, seré 100% responsable de la solución. La satisfacción en el resultado conseguido es directamente proporcional a la “responsabilidad” asumida en el asunto.  Cuando esto se logra, es posible durante la sesión abrir un espacio de aprendizaje donde se pueda profundizar en los recursos y fortalezas que la persona puede potenciar para transformarse en esa persona capaz de lograr
el resultado.

Tercer desafío:
Que el objetivo sea afirmativo, y aquí no me refiero a un juicio de valor si el objetivo es bueno o malo. Puede pasar que venga un cliente para potenciar sus recursos y convertirse en la persona capaz de matar, lo cual entraría en un terreno de la ética de la profesión y como coach decidir si lo queremos trabajar o no. El ejemplo es bastante ilustrativo y poco probable por fortuna. Cuando digo afirmativo me refiero a que esté formulado como una afirmación y no como una negación. Es muy común que las personas quieran dejar de fumar, dejar de pelear, dejar de enojarse, etc. Sin embargo está comprobado que cuando a través del lenguaje formulamos algo en forma negativa, nuestra atención electiva o lo que llamamos foco está dirigida ahí y si no lo reemplazamos por lo que sí queremos es difícil salir de eso. La premisa aquí es: no podemos medir algo que no sea una acción, el no hacer, no se controla ni se modifica. Justamente el no fumar es la ausencia de la acción de fumar.

Cuarto desafío:
Que responda a una motivación intrínseca y no extrínseca. Y esto no es un detalle menor porque responde a los para qué, y no a los
por qué. La piedra filosofal del coaching son los para qué, nuestros motivos internos asociados a nuestros valores más vitales. Siguiendo los ejemplos anteriores, dejar de fumar porque es malo para la salud, es un motivo comprado, razonado (quiero dejar de fumar porque
dicen que es malo para la salud) en cambio un para qué dejar de fumar asociado a un valor interno, o como respuesta a un motivo real intrínseco, sería saber que soy capaz de dominar un vicio, lo cual mejoraría mi autoconcepto o autoestima, además de colateralmente contribuir a mi salud, esto sí es un motivo real y trabajable.

Motivación y motivo son términos estrechamente ligados. Estas palabras derivan del verbo latino movere que significa «moverse», «poner en movimiento» «estar listo para la acción». Se trata de «una predisposición general que dirige el comportamiento hacia la obtención de lo que se desea».

La base de toda motivación, es, el deseo, y la obtención de lo que se desea es, para el grueso de los humanos, un sinónimo de felicidad.

Si bien todas las personas nos movemos para conseguir algo, muchas veces no logramos distinguir exactamente cuál es el fin de ese movimiento.

En el caso de la felicidad parece ser una motivación que casi todos los seres humanos compartimos, sin embargo es preciso diferenciar qué es lo que nos hace felices a cada uno de nosotros. Las necesidades a satisfacer detrás de ese supuesto objetivo común son bien diferentes.

Esa es para mí la primer tarea del coach, acompañar a la persona a descubrir cuáles son los motivos reales e intrínsecos plasmados en sus deseos de modificar una conducta. Esos motivos van a generar aprendizaje, nuevas acciones y una transformación sostenida en el tiempo.

Bibliografía: *Leonardo Wolk, “El arte de soplar brazas” *Coaching realista de Carlos Melero