Por Laura Lemos

Estoy absolutamente convencida que hemos venido a este mundo porque tenemos una misión que cumplir y lo importante es que mediante el poder de la mente se puede cambiar la realidad y trascender en la vida…

Cuando digo trascender, me refiero a “dejar huella”, a tomar consciencia de que nuestras acciones tienen efecto sobre nuestro entorno y sobre nosotros mismos. Trascender es contribuir desde el rol que hemos escogido tomar.

El “dejar huella”, en mi experiencia se activó cuando fui madre y empecé a pensar que los hijos son como una extensión de uno mismo.

Todo el tiempo me planteo qué es lo que les estoy transmitiendo a mis hijos, qué herramientas le estoy brindando, cómo los estoy acompañando y qué tipo de pensamientos y creencias le estoy generando.

Los pensamientos son poderosos porque guían nuestras acciones, y todos los resultados de nuestra vida provienen de las acciones.

Constantemente estamos creando nuestra realidad a través de nuestros pensamientos, aunque sea inconscientemente. Así que, cuanto más conscientes seamos del proceso, obtendremos resultados más deseados. En los adultos comprender este proceso puede resultar fácil, porque hemos vivido muchas experiencias, pero ¿Qué sucede en los niños que se están desarrollando, están creciendo y que dependen de nosotros?

Las creencias que los demás tienen acerca de nosotros también pueden afectarnos.

Quisiera citar un experimento que ejemplifica muy precisamente este tema:

Al inicio de las clases, se dividió a los alumnos en dos grupos: A y B. A los profesores se les dio un informe sobre sus capacidades, pero la clave es que ese informe se realizó de manera cruzada. Es decir, a los niños más aplicados y con mejores calificaciones se los definió como inadaptados y malos estudiantes (Grupo A). Por otro lado, el Grupo B estaba formado por niños con malas calificaciones y con dificultades para aprender. Sin embargo, en el informe fueron calificados como niños muy estudiosos e inteligentes.

A final de curso, se repitieron las pruebas del inicio del año y se comprobó que el grupo calificado como más inteligente (Grupo B), había mejorado su CI en cuatro puntos. En las entrevistas con los maestros, estos chicos fueron descriptos como más capaces, más curiosos, con mayores oportunidades de alcanzar el éxito en la vida, más atractivos, mejor adaptados y más afectuosos. Por el contrario, cuando se pidió que describiesen a los chicos del Grupo A, las clasificaciones eran menos favorables de lo que podría esperarse por los resultados reales obtenidos en los tests.

Los maestros no fueron conscientes de la influencia de sus expectativas en sus alumnos.

Se dice que cuando se espera más de una persona, se produce un determinado clima emocional en las interacciones con ella que facilita la comunicación. Se le ofrece más formación, se lo mantiene más informado, se le dan más oportunidades.

En conclusión, los padres, los maestros y los Lideres, tienen la posibilidad de “esculpir” la capacidad de alumnos y colaboradores, con su influencia y su confianza.

Primero vienen nuestras creencias, que influencian nuestros pensamientos, palabras y acciones, y luego al mundo que nos rodea.

Nuestras creencias pueden moldear, influir e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, nuestra salud, nuestra creatividad, la manera en que nos relacionamos e incluso nuestro grado de felicidad y de éxito personal.

“Como creemos, pensamos, y en lo que pensamos, nos convertimos”.

Laura Lemos / Coach Ontológica – Capacitadora en Finderoom

Contacto: laura@finderoom.com