Por Braian David para Conciencia Hoy 

*Colaboración de Oscar Lalanne 

 

En el transcurso de la vida solemos realizar acciones que dependen directamente de nuestra decisiones. Primero observamos y luego existimos.

Sin embargo todo cambia cuando nuestros actos lingüísticos nos permiten coordinar acciones con otras personas. A veces sentimos que nos falta algo en la vida. Quizá no sabemos de algún tema o sentimos que podemos beneficiar a otros.

En el momento que nuestros pensamientos dejan de ser declaraciones, afirmaciones, etc. Pasamos a buscar en los demás la oportunidad de hacernos responsables de oportunidades que pueden o no mejorar parte de nuestro mundo. Aquí surgen tres modalidades diferentes pero que buscan darle un orden a nuestras declaraciones.

Promesas: comprometerse a realizar una acción en el futuro. Trabaja el interés común con los demás.

Pedidos: satisfacen una necesidad del que pide. Permiten aumentar el control sobre nuestra vida, mejorar relaciones interpersonales, ser mas efectivo, no estamos solo.

Ofertas: su función es de satisfacer una necesidad, esta vez para quien la recibe. Por otro lado, dependen de la confirmación del otro, para que sea posible.

Cuando realizamos cualquiera de estas tres variantes, debemos reconocer que hay un Orador, que es quién declara; un oyente/receptor que recibe el mensaje; una acción a realizarse, y por último, todo está sujeto a un tiempo o debe realizarse en un periodo determinado.

Por estas razones es primordial saber que nuestras declaraciones, deben ser dadas con responsabilidad. No podemos prometer a los demás si no vamos a comprometernos a cumplir con nuestras palabras.

De estas circunstancias y confusiones surgen:

Las quejas: las utilizamos cuando no estamos de acuerdo o conformes

Las disculpas: cuando asumimos la responsabilidad de nuestras equivocaciones.

Pedido Oferta Promesa
Se hace cargo de una necesidad mía Se hace cargo de las necesidades del otro PEDIDO + SI

OFERTA+ SI

Estas tres características son de uso cotidiano, que suelen ser obviadas, pero que si sabemos cómo aprovecharlas, podemos encontrar en ellas una variante a nuestros problemas, y darnos cuanta que a veces la falta de comunicación, es la causante de los problemas. ¿Cuántas veces no dimos nuestra opinión por miedo a estar equivocados? ¿Cuántas veces actuamos sin pensar, creyendo que nuestra realidad era la correcta?¿A cuántas personas hemos lastimado por no cumplir promesas, por no defender lo que decimos o por falta de compromiso?

El camino hacia la verdad no está en sentir que hacemos lo correcto, sino en darnos cuenta en qué aspectos y actitudes debemos mejorar, y así aportar nuestra participación al mundo, para finalmente vivir con pasión, firmeza, confianza, y sobre todas las cosas, con la mente dispuesta a escuchar y aprender cada día más.