Por Cecily Valentine

Recapacitaba el sentido de la vida y lo absurda de esta en ocasiones. Todo es un mero reconocimiento cíclico. Esto mismo viene a colación de que en cada fin, hay un nuevo comienzo.

Pensaba en Sísifo, aquél ensayo filosófico de Albert Camus, donde plantea su mito y lo que realmente es la vida en sí. Un continuo recomenzar sin finales aparentes, porque es el devenir mismo el que produce que tarde o temprano sepas que nada es finito. También recordaba de la trascendencia del alma y cuestiones tales.

Creo en la reencarnación y llego a la conclusión de que la vida no es más que esto. Acumular la cantidad de experiencias máximas que una persona pueda vivir.

De tal manera que, la vida que vivas sea digna de repetir. Y que, al mirar hacia atrás, lejos de arrepentirte te sientas orgulloso de haberla vivido. Porque de alguna manera, esa felicidad dispuesta a recorrer pasajes y vértices en la experiencia, reanima a cualquier mortal.Aunque quiera ser benévola, no siempre la vida es justa, habrá que vivir con estas cuestiones e intentar aceptarlo. Supongo que rebelarse contra eso, es lo que deja huellas en este trayecto llamado vida.

Cada quien poseerá sus aprendizajes y los adquirirá. Cada quien, con sus piedras o patrones mentales, intentando des-aprenderlos. Hasta quizás, llegue uno a pulir los considerados errores del pasado, para sentirse un poco mejor en el presente. Aunque muchos de estos terminan siendo aciertos abismales que marcan una brecha, un punto de inflexión en la vida.

En fin, no creo que uno lo tome así en primera instancia, pero son procesos de reflexión continua. En dónde el paso del tiempo determina tal perspectiva, si realmente fueron equivocaciones o aciertos. Cada quien deberá interpretar su vida, intentando ser el héroe de su propia historia. Dado que, no todos tenemos las mismas piedras en el camino. Cada uno es un Ave Fénix potencial, inmerso en esta sociedad.