Por Braian David para Conciencia Hoy 

*Colaboración de Oscar Lalanne 

 

No existen los caminos a la excelencia sin un por qué. Sin la mentalidad de que somos responsables de nuestro destino.

La raíz de toda cuestión está en saber el motivo de lo que hacemos, y cuál será el combustible que empuje la máquina. Eso es el compromiso.

Sin compromiso no conoceríamos la historia de personajes legendarios como Alejandro Magno, Julio César o Napoleón Bonaparte, que para alcanzar el más alto nivel de prestigio y poder, tuvieron que hacerse cargo de sus promesas, tomar al destino desde el rostro y decir «¡yo estoy aquí, ahora!» porque tenían un compromiso que cumplir y nada ni nadie se les interpondría en el camino.

Como quien decide comenzar una carrera universitaria, un nuevo trabajo, una moda, un deporte, una meta, lo que sea, emprende un compromiso y debe hacerse responsable así su valor aumenta y su carácter se fortalece. No se compara más con San Martín o Carlomagno, sino con la persona que fue antes, la que supo asumir su presente y construirse un futuro.

Todos tenemos la posibilidad de comprometernos en algo cotidianamente, pero sólo depende de que nos hagamos responsables de nuestros actos. Por ejemplo: si quiero bajar de peso, puedo decidir si tomar acción frente a esta realidad, y comprometerme a realizar ejercicio. El dilema está en que una vez que lo decidimos, debemos hacerlo, porque pasamos a responsabilizarnos del estado de nuestro cuerpo.

Cuando afrontamos compromisos, también afectamos a nuestro entorno.

Así es, ya sea de forma positiva o negativa, si otras personas dependen de que cumplas tu palabra o que esperan que seas responsable de tus actos. Los demás pueden acompañarnos en el proceso, ayudar, alentar, cuando el desafío es compartido. Como dice el refrán:

«Rodéate de personas que te animen a superar tus metas, que te ayuden a alcanzar la mejor versión de tí»

Por otro lado si hay desafíos en el transcurso del recorrido, damos el pié a la expansión de la mente, a la imaginación. Quizás aprendamos habilidades de las que no nos creíamos capaces y despertamos una parte nuestra que estaba dormida. O nos aventuramos hacia un futuro incierto del que ya no hay vuelta atrás, pero que está repleto de posibilidades para crecer y entonces dejamos de esperar, pasamos a ser creadores de nuevos resultados.

Asi que la próxima vez que pienses en tomar una decisión, recuerda que dejarás de ser quién eres, pero habrás vivido a tu manera. Si resulta bien, serás exitoso, sino, aprenderás del error y ganarás experiencia. Por eso no te conformes, hasta que lo imposible sea posible y puedas disfrutar de lo que parecía inalcanzable.